10 Claves para entender el Sinodo de las Familias

10 claves para entender el Sínodo

Francisco ha afirmado que el Sínodo no sirve para discutir ideas hermosas y originales, o para ver quién es más inteligente, sino para descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre el hombre. En esto la familia es el centro

Por: Dr. Óscar Perdiz Figueroa | Fuente: Catholic.net

Sinodo

Francisco ha afirmado que el Sínodo no sirve para discutir ideas hermosas y originales, o para ver quién es más inteligente, sino para descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre el hombre. En esto la familia es el centro.

1.¿Qué es un sínodo?

Sínodo viene de syn-hodós, caminar juntos en griego, es un evento de todos los católicos, no sólo de unos cuantos obispos. Proviene también de syn-oudos, que se refiere más al hogar y a la familia. Lo esencial es abrir la Iglesia a todos. Los sínodos actuales fueron instituidos por Pablo VI en 1965 –dando continuidad al Concilio Vaticano II– para afrontar las condiciones de los católicos y buscar soluciones, a la luz de la revelación. Se trata de un evento de toda la Iglesia, porque la Iglesia somos todos. De allí la consulta previa a las comunidades católicas de todo el mundo. La primera etapa del Sínodo se ha celebrado en octubre de 2014.

2.¿Por qué un sínodo sobre la familia?

Porque los problemas más fuertes de la sociedad como la violencia, la corrupción y la prepotencia, provienen de las familias o de la falta de familia. La crisis actual de la sociedad es una crisis de familia, la crisis de la familia es crisis del matrimonio, la del matrimonio es sustancialmente una crisis de amor. Finalmente ésta es una crisis de educación sexual. Todo esto se debe en parte a haber excluido a Dios de la sociedad. Son tan importantes estos temas que hacía muchos siglos que no se habían dado posturas y discusión tan encarnizada entre los obispos y cardenales sobre cuestiones que se derivan de la familia. El sínodo cambiará no la doctrina, el matrimonio sacramental es de por sí indisoluble. Se trata de escuchar los problemas y expectativas de tantas familias, en todos los continentes y mostrarse cerca de ellas y ofrecerles de forma creíble la misericordia de Dios y la belleza de la respuesta a su llamada.

3.Problemas urgentes

Hay problemas urgentes en occidente como la atención a los divorciados y a las personas homosexuales y la comunión a divorciados vueltos a unir, la fecundación in vitro, madres solteras y hogares rotos, relaciones prematrimoniales y cohabitación, el drama del aborto derivado de la cultura de la muerte, el antitestimonio de miembros de la iglesia en cuestiones sexuales. Mucho se evitaría con una buena preparación a amar.   La problemática no se agota en lo que diga la prensa occidental o lo que quieran imponer un grupo de cardenales alemanes. La Iglesia es universal y los problemas son diferentes en los diversos continentes. En Iberoamérica, donde vive la mitad de católicos en el mundo, un problema grave es la pobreza y la marginación que sufren las familias. “¿Cómo podemos recomendar a los jóvenes que se casen si no tienen casa, ni la posibilidad de tenerla? ¿Cómo podemos recomendarles tener hijos sin posibilidades? La calidad de vida es una condición para la dignidad. Hay que preocuparse de los pobres a propósito de la familia –decía el cardenal Madariaga.

4.Objetivo del Sínodo

El objetivo no es doctrinal (la doctrina sobre el matrimonio es muy sencilla y no puede cambiar sin traicionar el plan de Dios sobre él), sino el de acompañar a las familias y reconocer que son el corazón de la Iglesia, que no están en la periferia ni son objeto de una pastoral secundaria. Tampoco es moralista o moralizante, esa actitud que quiere decir a la gente lo que tiene que hacer, sin una previa preparación. Juan Pablo II en esto fue revolucionario con las catequesis sobre el amor humano.

5.¿Hacia dónde va Francisco?

Este papa quiere promover una auténtica renovación espiritual en la Iglesia, más evangélica, abandonar la religión timorata y suspicaz, acartonada y burocrática. La Iglesia no son los cardenales, obispos y sacerdotes, la Iglesia comienza en las familias. No es el papa “buena onda”, que dice a la gente lo que quiere escuchar. Su proyecto va mucho más allá que el de atraer y contentar a las masas. Quiere agarrar por los cuernos el problema fundamental de la sociedad: la familia. Quiere tender la mano amorosa de la Iglesia madre, a las personas que se sienten abandonadas, decepcionadas o traicionadas en sus legítimas aspiraciones.

6.Analfabetismo afectivo, el gran reto.

El principal problema que tenemos en la Iglesia no es el pequeño número de los divorciados recasados que desean acercarse a la comunión eucarística. El gran problema es la dificultad y hasta la incapacidad para amar. Por eso la mayoría de las historias amorosas están destinadas al fracaso, con las graves consecuencias para niños y adultos.

El gran reto es comprender la vocación humana al amor, tener la convicción de que el matrimonio es la desembocadura natural del amor, que es un sacramento y una vocación maravillosa, que es un proyecto y no se puede dejar al instinto o al tiempo. Que el otro es un jardín que cultivar.

El amor requiere de una gran preparación y no se puede confundir amar con ser amado. Hay que superar el fracaso estrepitoso de la educación sexual que se reduce a animalismo, a biología, posturas y aparatos, reduciendo a las personas desde niños a meros animales y máquinas, no es de extrañar la cantidad de problemas sociales pendientes como la violencia, el acoso y la prepotencia en la jungla social. No somos animales y en la sexualidad uno no puede limitarse a obedecer ciegamente las normas o los propios instintos.

Frente a esta situación ¿basta con que la Iglesia diga lo que está bien y lo prohibido en cuestiones sexuales? Más bien cada cristiano está llamado a descubrir el misterio cristiano y a hacerlo suyo.

Las cosas no son verdad porque las diga la Iglesia, sino que las dice la Iglesia porque son verdad. Es lamentable que la Iglesia sea prácticamente, la única institución que defiende conscientemente la familia, cuando deberían ser los gobiernos, las empresas, las organizaciones que buscan el bien de la sociedad, pero algunas parecen no  haberse enterado del sínodo de la familia.

7.¿Está dividida la Iglesia?

Algunos medios subrayan la división e incluso hablan de cisma y boicots. Como en todos los grupos humanos hay posturas y puntos de vista. El Papa mismo ha afirmado que el Sínodo es un espacio donde más que facciones hay una discusión entre las diferentes posturas en torno al matrimonio, como lo ha habido siempre en la historia de la Iglesia, para ello hay que conocerla.

No se trata de obedecer sino de disfrutar del amor de Dios, con convicción. Juan XXIII promovió una Iglesia más libre de las ataduras y acartonamientos de poder. Pablo VI, con gran finura espiritual e intelectual dejaba más espacio a la conciencia y a la convicción personal. Juan Pablo I fue un papa de la sonrisa y el diálogo directo con los fieles. Juan Pablo II, sobre todo en sus Teología del amor invitaba a descubrir el proyecto amoroso de Dios sobre cada uno, desde la propia conciencia, desde la escucha del cuerpo, a la luz de la revelación y de la propia experiencia. Benedicto XVI se caracteriza por una gran delicadeza y claridad para exponer la maravilla cristiana, mostrando la verdad, no imponiéndola. Francisco, ha ido en esa línea: más confianza en Dios y menos apego a los criterios mundanos.

8.¿Es el Evangelio un código penal? Lo que realmente interesa

Detrás del Sínodo está la concepción misma de la Iglesia, una visión más evangélica, más fresca, más formada, más convencida y atenta al amor de Dios, menos papista  y más sensible a las necesidades de los demás especialmente de los pobres, una verdadera familia.

Detrás está también en juego el futuro de la sociedad pues ésta depende de la familia El verdadero reto es personal. No se puede esperar el divorcio como solución a los problemas del matrimonio. Hay que superar la llamada moral de “tercera persona” que se limita a decir e imponer los principios morales. En una sociedad que ha dejado de ser cristiana y que raramente lee los documentos pontificios, urge iluminar con frescura, la vocación que cada hombre tiene al amor.

9.Lo que debe cambiar: de la obediencia al amor

¿Ha cambiado la comprensión del matrimonio en la Iglesia? Sí y mucho. Se ha avanzado mucho en el misterio que implica y las consecuencias para la familia, la enseñanza de Juan Pablo II es el clímax de esta maduración. Pero la disciplina puede cambiar y ya ha cambiado varias veces. Basta asomarse a la historia de la Iglesia. El papa quiere dar un giro y reconocer que las familias son las verdaderas constructoras de la sociedad, son el recurso más importante de la misma.

Por ello los matrimonios cristianos, aunque no sólo, realmente tienen que sentirse orgullosos porque son los que realmente cargan sobre sus espaldas la sociedad, con dificultades pero con un gran amor; con desafíos pero con grandes satisfacciones, cayendo y levantándose  Son ellos los que están construyendo el reino de Dios en la tierra y son los principales colaboradores de Dios en la edificación del mundo y de la Iglesia  Son los verdaderos buenos aunque no hagan tanto ruido como los cínicos.

10.Dos modos de ser católico

En el fondo hay dos modos de estar en la gran familia cristiana, dos grados de pertenecer al misterio. Una –la más común por desgracia– consiste en una actitud de masa, pasiva, satisfecha unas veces, fastidiada otras, dejándose llevar por la marcha del tiempo y pasando de noche por la aventura del misterio cristiano. En el fondo cree que la Iglesia son los curas y los obispos. En cuestiones del matrimonio se ve la indisolubilidad como una imposición externa, la fidelidad como una piedra insoportable. En este grupo entran también esa minoría que esperan que las “iglesia” les diga lo que tienen que hacer.

La otra es la actitud de crecimiento, de formarse, buscar espacios de reflexión, cuestionarse, meterse a la historia milenaria de la revelación y saber dónde está uno parado, saborear sus grandezas y aprender de los errores, saber de dónde realmente viene uno, dónde se está metido por el hecho de ser humano, en actitud de drama, ¿qué espera Dios de mí?, etc. En el Sínodo sobre la familia se ven claramente estas actitudes.

También en la jerarquía de la Iglesia hay al menos dos modos de estar. Unos pocos arrastran todavía lastres medievales y poco evangélicos, siguen hablando en clave de poder, hablan de gobierno, exigen obediencia y sumisión y dictan “lo que hay que hacer”, conciben la Iglesia como una compañía paraestatal y poco falta para que se crean sus dueños. Esta actitud concibe la Iglesia como una serie de círculos concéntricos en los que los obispos y los sacerdotes están al centro y los “fieles” en la periferia. Frente a esta actitud siempre ha estado una actitud apostólica, en clave de servicio, la del pastor que acompaña a los fieles, la del consejo, se concibe la Iglesia como una comunidad y una gran familia cristiana, que promueve la formación y la convicción personal y la fidelidad de la conciencia a Cristo en una relación de confianza y amor.

Creo que el Sínodo se mueve más en esta segunda actitud, y menos mal. En la segunda actitud cada uno se siente no sólo miembro de la Iglesia sino protagonista en primera persona y parte esencial de la presencia Dios en el mundo.

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